Segunda parte: Europa
5. Vencedores y vendidos.
La primera parte de la tempestad que sacudió a Europa tuvo lugar, de todos los posibles lugares del mundo, en África. Desde comienzos de la década de 1920, España había estado ocupada pacificando su protectorado en Marruecos. Había sido una empresa costosa y complicada, que finalizó hacia 1926. Desde entonces Marruecos había permanecido en calma.
Hacia finales de 1934, Muhammad Ibn' Mulai Ahmed el Raisuni, hijo (1) del legendario Mulai Ahmed el Raisuni (véase el "Incidente Perdicaris" para más información) decidió que era hora sea de reverdecer los laureles de su infame predecesor y comenzó a molestar al gobierno español mediante ataques propios de bandidos y villanos. Para acabar de arreglarlo, tuvo que encabezar, como su padre hiciera en 1912, una rebelión de varias tribus rifeñas en una fallida pero sangrienta revuelta contra los españoles.
Fue durante esta revuelta que España sufrió uno de los peores desastres militares de su historia (1). El principal problema para acabar con la rebelión de el Raisuni era el limitado número de tropa profesional en el "Ejército de África" que, desde 1911, incluía regimientos de
Regulares marroquíes (infantería y caballería nativa voluntaria con oficiales españoles).
Para solucionar el asunto el rey Alfonso XIII envió al general Joaquín Fanjúl Goñi como comandante general de la zona de Ceuta. Fanjúl, veterano de la guerra de Cuba y de las peleas políticas en el tiempo en el que fue ministro de la Guerra desde 1931 a 1933, marchó a Marruecos con una misión, pero sin un buen instrumento con el que conseguir aplastar la resistencia local de el Raisuni.
General Joaquín Fanjúl Goñi (1880-1936)
La operación era arriesgada y complicada, por el pobre entrenamiento de las tropas españolas y su poca inclinación a luchar "como pobres en la guerra de los ricos". Peor tenían que poner las tornas cuando Fanjúl abarcara más de lo que podía asegurar para intimidar a los moros a rendirse. Pero su ejército no estaba en condiciones, como ya se ha dicho, de combatir. Los soldados se amontonaban en centenares de blocaos (con espacio para una docena de hombres), sucios, mal construidos e infestados de piojos o en fuertes capaces de contener a un batallón, donde los hombres temblaban por la malaria.
Si hubiera tenido tiempo de poner orden y aliviar la situación, Fanjúl podría haber evitado el desastre. Sin embargo, presionado por los mensajes procedentes de Madrid y sabiendo que el rey Alfonso XIII lo había enviado par algo, aceleró sus preparativos. Desde mayo de 1935 a abril de 1936 logró éxitos espectaculares, avanzando 130 kilómetros sin perdidas. Conquistó Tafersit, llegó hasta el río Amekran y aceptó el sometimiento de las tribus de los Beni Ulixek, Beni Said y Temsamán. Pero El Faisuni continuó esquivándole. Por ello cuando los Tensamán, amigos de España, según decían, le aseguraron que los beréberes se habían retirado del Amekran, la llave para entrar en territorio de El Faisuni, se lanzó de cabeza para aprovechar la oportunidad.
Envió, el 1 de mayo de 1936, una fuerza de 1500 hombres al mando del mayor Villar, al río Amekran, donde creó un punto fuerte, tras lo cual Villar se retiró, dejando al mando de la plaza al capitán Juan Salafranca Barrios, con una fuerza formada por una
harka (nativos al mando de oficiales españoles) de los Tensaman, 200 policías nativos y 50 soldados españoles. Como era de esperar, en cuanto la trampa estuvo lista, El Faisuni atacó, los tensamán se pasaron a su bando y masacraron a los españoles, que sufrieron 179 muertos y tuvieron que retirarse con el rabo entre las piernas, dando gracias de conservar todavía el susodicho miembro.
Así los supervivientes huyeron hasta Buy Meyan mientras los rifeños, alborozados por la victoria de El Faisuni, se le unían a cientos. Los tribeños marchaban hacia las colinas para sumarse a la rebelión. Cuando el 17 de mayo el Raisuni pasó a la ofensiva, atacando los puestos españoles. Primero atacó al día siguiente Sidi Dris, donde fue derrotado por el comandante Julio Benítez Benítez, que le causó 100 muertos por diez heridos propios. Pese a todo, el Raisuni continuó su ofensiva.
Tropas españolas desembarcando en Marruecos.
Lo que pasó a continuación puede parecer similar a los relatos sobre lo acontecido durante la rebelión de los cipayos en la India en 1857: Puestos cercados y aislados, mensajes heliográficos pidiendo refuerzos y avisando que los moros atacaban y la falta de comida y municiones... Los rifeños emboscaban a las columnas de rescate y las hacían pedazos, mientras aniquilaban a cualquier tropa que intentar escapar de su cerco. Los soldados españoles se veía obligados a beber su orina endulzada con azúcar. Uno por uno, los puestos fuertes fueron cayendo en el silencio.
Jurando, Fanjúl ordenó una retirada general a Melilla. Sería su último error. Incapaz de rescatar los puestos cercados, esto había acabado de hundir la escasa moral de su ejército. Así, al final acabó encontrándose como el general Wheeler en Cawnpore. Al mando de la guarnición de Annual (3.000 españoles y 2.000 moros), se enfrentaba a los 18.000 hombres de El Raisuni. Con comida para sólo cuatro días y munición para uno, y sin agua, Fanjúl decidió retirarse de manera ordenada hacia Ben Tieb y Dar-Drius, más fáciles de defender y con agua. Pero cuando las columnas comenzaron a retirarse, cayeron bajo el fuego de los rifeños que habían tomado las alturas al norte de Anual. Ello desató el pánico. Sólo faltaba que los
Regulares, al notar el cambio de dirección del curso de la batalla, optaran por degollar a sus oficiales y sumarse a la carnicería general.
Bajo continuas emboscadas, las columnas españolas en retirada se mezclaron y cayeron en el caos. Los oficiales no lograron mantener el control de sus hombres, que, abandonando sus armas, hubieron en un vergonzoso "sálvese quien pueda", al que se sumaron algunos de sus jefes. Pero en su loca huida sólo les esperaban los rifeños emboscados.
Algunos unidades, al mando de unos pocos oficiales, mantuvieron la sangre fría y lograron retirarse en orden sin apenas sufrir bajas. De no haber sido por los Regulares del comandante Llamas, que defendieron valerosamente el paso de Izumar y lo mantuvieron abierto para que la multitud de fugitivos pudiera cruzarlo, evitando la más que posible masacre de haber caído en manos rifeñas. Luego se retiraron organizadamente, de colina en colina, manteniendo al enemigo a distancia y sin permitirse sucumbir al pánico general.
Fanjúl, que estaba en Annual cuando comenzó la emboscada, murió en circunstancias no aclaradas (para algunos se suicidó, para otros murió luchando) y su cadáver nunca fue hallado.
En las cuatro horas que duró el desastre murieron 2.500 españoles, a los que hay que sumar los 1.500 que cayeron defendiendo Talilit, Dar Buymeyan, las dos Posiciones Intermedias, Izumar, Yebel Uddia, Mehayast, Axdir Asus, Tuguntz, Yemaa de Nador, Halaun y Morabo de Sidi Mohamed, y los 492 prisioneros capturados por El Raisuni (4).
España dejó escapar su ira cuando se recibieron noticias del desastre.
El Marruecos español no sería pacificado hasta 1937. Para entonces, el desastre de Annual había puesto en marcha una tempestad que dejaría a Europa sin aliento.
(1) Mira, me hacía falta que tuviera un hijo, cosas de la vidaAR.
(2) Historia militar, que es larga, aunque la historia de desastres militares españoles también es larga, aunque no rivaliza, por fortuna, con la francesa, que sigue siendo más "jrande" aún.
(3) En nuestra historia real, sólo fue subsecretario del ministerio de Guerra.